En la imagen mi madre y mi abuelo en su barca. 

Hoy hace dos años se fue una de las personas más importantes de mi vida. Día 5 de Mayo del 2014 me despedía de mi abuelo para coger el vuelo que me llevaría de vuelta a Austria, donde yo vivía. Desde ahí le escribía cartas, soy una sentimental. Aun tengo el recuerdo, muy vivo en mi memoria, de mi pradí en la puerta de su casa, prometiendo que mañana me escribiría una carta él a mi, para que llegara a Austria al poco de irme de Mallorca. Prometiendo yo que al volver iríamos a ver el mar y disfrutar de la playa, que le encantaba como buen marino que era, al igual que tantas otras generaciones nuestras.

A los 30 minutos de pasar el control del aeropuerto, mi madre me llamó: Algo iba mal, iban al hospital.

Día 6 no hubo noticias.

Día 7 él ya no estaba.

Y aquí sigo, preguntándome qué hubiera escrito, imaginando que tal vez sería que estaba orgulloso de mi, que le gustaba cuando nos juntábamos todos, cuando salíamos a comer o pasear, que tenía ganas de que volviera…

Por experiencias como estas, entre otras, estoy convencida que no valen la pena los enfados, ni el orgullo, ni todo aquello que nos prive de vivir sensaciones positivas con la gente. O aquello que nos prive de decir te quiero, gracias, lo siento. No me quedé con ganas de decir nada a mi abuelo, siempre he sido cariñosa y demuestro lo que siento cuando lo siento. Pero al perder a alguien no puedes evitar reflexionar, ver las cosas desde una perspectiva más lejana, y ahí te das cuenta que hay cosas que no merecen la pena y tantas otras que no aprovechamos más.

Porque al final del día, ya sea del tuyo o de un ser querido, lo único de lo que te arrepientes es de todas las veces que no dijiste esas tres frases. Antes de cerrar los ojos no pensarás en ese curso que no hiciste, esa moto que no compraste, esa película que no viste. Pensarás en todas aquellas personas a las que no viste, amaste, perdonaste y agradeciste lo suficiente. Pensarás en nombres y caras. En palabras no dichas y abrazos no dados.

Así que ahora, ahora que tienes los ojos abiertos, ahora que no es el final del día: Ama, perdona y agradece. Es lo único que importa.

Em costa imaginar-te absent per sempre.

Tants de records de tu se m’acumulen

que ni deixen espai a la tristesa

i et visc intensament sense tenir-te.

No vull parlar-te amb veu melangiosa,

la teva mort no em crema les entranyes,

ni m’angoixa, ni em lleva el goig de viure;

em dol saber que no podrem partir-nos

mai més el pa, ni fer-nos companyia;

però d’aquest dolor en trec la força

per escriure aquests mots i recordar-te.

Més tenaçment que mai, m’esforço a créixer

sabent que tu creixes amb mi: projectes,

il.lusions, desigs, prenen volada

per tu i amb tu, per molt distants que et siguin,

i amb tu i per tu somnio d’acomplir-los.

Te’m fas present en les petites coses

i és en elles que et penso i que t’evoco,

segur com mai que l’única esperança

de sobreviure és estimar amb prou força

per convertir tot el que fem en vida

i acréixer l’esperança i la bellesa.

Tu ja no hi ets i floriran les roses,

maduraran els blats i el vent tal volta

desvetllarà secretes melodies;

tu ja no hi ets i el temps ara em transcorre

entre el record de tu, que m’acompanyes,

i aquell esforç, que prou que coneixes,

de persistir quan res no ens és propici.

Des d’aquests mots molt tendrament et penso

mentre la tarda suaument declina.

Tots els colors proclamen vida nova

i jo la visc, i en tu se’m representa

sorprenentment vibrant i harmoniosa.

No tornaràs mai més, però perdures

en les coses i en mi de tal manera

que em costa imaginar-te absent per sempre.

Martí i Pol. Lletra a Dolors.

somdelmar

Allà on siguis, sempre te duc amb mi.

2 comentarios en “731 desde que te fuiste.”

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